Jamás me hubiera imaginado que aquellas vacaciones serían tan aburridas. Para una vez que me voy con mis amigos de vacaciones y me paso el día viendo la tele. Sólo me falta un conejo gris de peluche para que mi vida se pareciese a aquella serie, Mr. Floppy. Ahora mismo, por ejemplo, estoy viendo Perdidos.
-Jack, Sawyer ha cambiado.
-Qué raro.
-Te estoy hablando en serio -dijo Kate, aunque se moría por ir detrás del matorral con el doctor, le daba igual si le pillaba el oso polar de turno- Ya le he notado raro estas últimas semanas. Empezó hablando con todo el mundo, decía nosequé de un teto, se pasaba la tarde entera metiendo su dedo en los oídos de los demás, no sin antes habérselo lamido a conciencia. Y por la noche, en vez de dormir, va deambulando por el campamento cantando alguna cancioncilla estúpida, cada noche una. Vamos, que parece aquello una atracción de autos de choque; siempre dando por el culo. Además no sé si te has dado cuenta, pero tiene más pelo que de costumbre. Para mí que se está transformando en un animal.
-Eso son cosas de la edad, es normal, a todos nos pasa. Y ahora déjame, que estaba a punto de cazar a Gyarados. -Jack no había escuchado una sola palabra de lo que Kate le había dicho, pero al oír la última frase, dejó la máquina a un lado y le cogió frenéticamente -¿Has dicho en animal? Eso me recuerda una historia de mi época de doctor.
-Ya estamos otra vez con las batallitas.
Aquí hubo un flashback. Porque esta serie se basaba en la historia de unos colgaos que vivían en una isla y de flashbacks. Sí, pasaban cosas interesantes y todo eso. Pero ya podías estar viendo como el cocainómano cuidaba del bebé de la otra rubia, que de repente aparecía el gordo comiendo en un bufet libre en sus años mozos. Que esa es otra. El tío está en una isla desierta, donde escasea la comida y se pasa allí más tiempo que los israelitas en el desierto; y no adelgaza ni nada. ¿Qué narices comía? Pues se comería algún oso polar que otro, porque a base de hierbitas y pececitos de la mar salada no conservas ese tipazo.
Bueno, que el capítulo seguía, si es que no me dejáis contaróslo (¡Es que nos importa una mierda! ¡Queremos ver tetas!) Pues aquí no las vais a encontrar, así que os bajáis a la panaderia de abajo de vuestra casa y le quitáis la camiseta a la primera clienta que pase. Y sigo.
-Cállate, zorra. Bien, el caso es que una paciente me dijo que un día conoció en unos de sus viajes a un tipo que experimentaba con diferentes tipos de criogenización. El caso más importante era la transplantación de cabezas de animales en cuerpos humanos. Cabezas de conejos, para ser más exactos. Me dijo también que el muy capullos las tenía en jaulas y luego hacía visitas escolares para que los niños les pudieran escupir a la cara cojerles del rabo y cosas así.
-¿Pero que me estás contando? ¿Y tú te creíste esa historia?
-¿No acabas de ver el flashback? ¡ella había sido unos de sus sujetos!
-¿Cómo lo voy a ver si esto no es un vídeo?
Luego no sé qué más pasó, seguramente apareció la bruma esa de las narices y acabó el capítulo. Ni lo sé ni me importa.
Me siento cansado, abro los ojos y me encuentro tumbado en la cama de una chabola. ¡Ha sido todo un sueño! (Buah, qué tipico, no sabe como acabar la historia y dice que es un sueño. ¿Quién te crees que eres? ¿El guionista de los Serrano?) ¡Callaos de una puta vez! Sois más criticones que Risto Mejide...
El caso es que tengo que levantarme he ir a hablar con Locke. El calvo inválido que al llegar a la isla empieza a andar y le digo todo lo que he soñado. Entonces éste me sonríe de forma lasciva mientras uno de los compañeros del campamento disfrazado de conejo de colores reparte chocolatinas blancas entre los presentes.
-¿Y esto qué es?
-Esto es para ver elefantes rosas y cabezones con números de sabores en las orejas.
-Eso, amigo mío, es lo más inteligente que he oído hoy. -le digo mientras me como la chocolatina y empiezo a ver como a lo lejos, hay una horda de elefantes rosas cabalgados por los cabezones.
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